jueves, 8 de noviembre de 2007

El almacenero


En España, a pesar de la globalización, la modernidad y toda la historia, te seguís encontrando, cada tanto, con el viejo y querido almacenero. Ese que te trata bien y no te garca. El que decimos “Así da gusto comprar”. El otro día estaba en una feria de ropa y de cualquier otra cosa que se pueda vender. Es lo que se llama un mercadillo, el que se hace los domingos en Burgos es bastante grande. Yo tenía que escribir sobre eso. Era complicado porque no se dejan sacar muchas fotos, algunos venden cosas un poco truchas y las fotos y preguntar nombres no cae bien. Entre tanto puesto de ropa para mujeres y chino berreta, estaba don Aquilino, un histórico del mercadillo, que con sus 76 años todavía resiste con su puesto de antigüedades y baratijas. Pero entre la mercadería, tenía también un lote de películas VHS, las clásicas de video, y todas de la década pasada. Ni siquiera las más taquilleras, eran cualquiera. Pero ahí estaban, Aquilino y sus películas VHS. Viene una mina con onda sorete y le pregunta: “¿No tiene DVD?”. Yo esperaba que Aquilino le diga: sí, dónde los voy a tener hija, ¿en el culo? No sólo que el tono de la pregunta fue descortés, sino que a la vista estaba que el hombre no tenía DVD por ninguna parte. Aquilino le respondió amablemente que no tenía, pero en la cara se le notaba la expresión tipo: y no, yo esto de los DVD no entiendo ni cómo se graban ni se consiguen. Me dio pena, porque el tipo estaba con su nietita, con sus antigüedades, y viene la turula esta y le refriega que no tiene DVD.
Pero si algo da la vida, es revancha, y llegó dos minutos más tarde. Otra mujer se acercó y le regaló unas películas que dijo ya había visto muchas veces y que no quería seguir guardando. Se las regaló. Aquilino le ofreció llevarse unas a cambio, pero ella no quiso. Y entonces le dice, con ese tono de los grandes vendedores del almacén: “Vale, pero cuando quieras una película, ya sabes que aquí la puedes buscar”.
Me gusta mucho encontrarme todavía con esos vendedores que había en Argentina. Ese que da charla a la clientela, el que te aconseja, el que cuenta chistes y el que, obvio, te da de probar. Supongo que en parte viene de los españoles que emigraron, que ponían el almacén y la casa al fondo. Mi abuelo, al que lamentablemente no pude conocer, tenía carnicería. Ahora tenemos de todo, como también antes había almaceneros caraculos o el famoso "El choro" de la vuelta de mi casa, que vendiendo rabanitos a precio de jamón crudo montó el imperio. Hoy, si querés, comprás el sánguche de milanesa en una máquina con monedas, sin verle la cara a nadie. Creo que en cualquier momento lo jubilan, pero por suerte, de momento, el almacenero sigue estando.

2 comentarios:

  1. Anónimo12:27 p.m.

    Tato:
    me ha gustado mucho cómo escribes y lo que dices de los almaceneros, pero algunas palabras me las tendrás que explicar que no las pillo. UN beso. M.

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  2. josefros4:02 p.m.

    muy bueno loko yo si pillo las palabras, jajajaja
    JoeSK

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