
domingo, 22 de abril de 2007
Pata de ternera vs. 3 días de joda

lunes, 16 de abril de 2007
El burgalés, el chino, el alemán, la colombiana, el chileno, la brasilera, la mauritana y el pakistaní

2/2 Me estaba tomando una cerveza en un bar cuando me llamó la colombiana que me alquiló el departamento para darme una colcha, porque ya venía unos días durmiendo vestido y cagándome de frío mal. Me encuentro con ella por ahí y en eso aparece la brasilera que vive arriba, blabla quedamos en ir de bares con algún otro vecino. Me quedo charlando de la vida con la colombiana y le caí bien al sobrinito de 8 meses que tenía en un changuito, que se reía todo el tiempo pero sin decir ni mu. Ella se va y yo ya tenía que morfar algo. Al frente de mi casa tengo el chiringuito del pakistaní, que vende unos kebaps buenísimos, unos sánguches de los musulmanes que a la carne la sacan de un masacote de falso cordero que lo tienen ahí como un pollo al spiedo. Le compro uno y se lo pido sin cebolla. “Cebosha, ahhh, argentino”, me dice. Son simpáticos los pakistaníes. Subo a mi casa y me lo cruzo al chileno que vive en el depto. de enfrente. Cuando la colombiana me había dicho que tenía vecino chilote yo le dije en broma “uhhhh, no” en el sentido que ustedes están entendiendo, a lo cual respondió “Sí, él también se entusiasmó cuando le dije que eras argentino”, pero ella sin doble sentido alguno. Me hago el simpático y le tiro la mano al chileno para saludarlo, me larga un Hola más seco que croto de feria, me deja la espalda y se mete a su choza. No se estaba meando. Me deja con la mano en el aire. Al ratito me escribe una mauritana para avisarme de un casamiento marroquí. “Me voy para yah llame mi”, me pone. La llamo y me cuenta cómo es la ceremonia. Al kebap ya lo tenía medio frío en una cajita de cartón sin tapa. Es que el pakistaní no me entendió que era para shebar. Un idioma, o muchos. Y hablamos. Pero con las palabras muchas veces no decimos nada, o no podemos. A veces las balas no entran. Si construimos todo sobre el idioma, mañana puede ser lo que menos importa y no vale una mierda. No siempre podemos ver dónde está la línea por la que estamos “hablando”. Y las balas no entran hasta que entran.
miércoles, 28 de febrero de 2007
El Ernesto y lo que podés ser en la vida

jueves, 23 de noviembre de 2006
Cremita de despedida

La última noche que pasé en Dublín nos juntamos con todos los amigos en casa. Pack de cervezas obligatorias, nos estuvimos cagando de risa hasta muy tarde, y salí derecho al aeropuerto sin dormir. Las valijas ya las tenía listas gracias a la ayuda de Inke, que impuso su método alemán en medio de mi desorden de siempre. Así que me despedí de todos los que se quedaron haciendo el aguante y me tomé el taxi medio dormido a eso de las cuatro de la matina. Como estaba fusilado y todavía me quedaban casi dos horas para las seis y media, hora del vuelo, me mandé derecho para el check in, cosa de dormir luego en la sala de embarque.
Entre que en los controles para embarcar perdí los desodorantes, la espuma de afeitar y otras cremas (me preguntaron cuatro veces antes, pero no les dí pelota), me olvidé que tenía que sacar toda la guita que tenía en la cuenta del banco en Irlanda. Si bien ya había transferido casi todo, el mismo viernes que me iba me hacían el último pago del hotel donde trabajé, que yo calculaba en 200 euros. Pero me tiré en la sala de embarque y me dormí un buen rato, hasta que ya era hora de meterse en el avión.
Cuando estaban llamando yo seguí echado porque siempre espero hasta el final. Cuando ya no quedaba casi nadie, no sé cómo pero me acordé del tema y caí en que ya no tenía tiempo de sacar el dinero a no ser que hubiera un cajero por ahí cerca. Por suerte, había uno más o menos a
La situación era: yo estaba a
Entre al avión en pleno éxtasis, no entendía nada. Es como cuando en un asado agarrás un vaso de soda y cuando lo tomás resulta que era Seven Up, ahh, es una cremita, está buenísimo (lo inverso ya es un bajón, porque si te esperás el trago de Seven y viene soda….) Pero en este caso, imaginen, eran como 10 mil tragos de Seven a la vez. Más exactamente eran
Chau Irlanda (desde Madrid)
Ahora que voy a estar en vacaciones iré contando más cosas sueltas y también las experiencias de la semana que estuvimos en Alemania por el Mundial de Fútbol, aunque lleguen un poco pasadas de tiempo.
No sé si voy a extrañar muchas cosas de Dublín. Es una ciudad con mucha identidad en medio de en un país que creció mucho en los últimos 10 años. Tiene cosas muy buenas, no sólo la cerveza negra. A pesar de la buena onda general de los Irish, no es una ciudad muy cálida ni acogedora que digamos, y ya estaba un poco harto de tanta cultura anglosajona. El acento irlandés, directamente me tenía repodrido de estar adivinando qué decían.
Ocho meses que estuvieron muy bien, al principio fue un poco duro pero después las cosas se pusieron más rosita. También según el manual, ahora que me arreglo bien con el idioma es que debería quedarme, porque ya los problemas de comunicación son menores y podés aspirar a mejores puestos de trabajo, relacionarte con más gente, etc, etc. Será que nunca tuve un cobre, pero la guita no me importa demasiado como para quedarme. Si es por el inglés, no necesariamente hace falta vivir en un país de habla inglesa para mejorar.
Terminando, lo mejor que me pasó allá fue conocer a tantos buenos amig@s y gente tan copada como ell@s. No me puedo poner a describirl@s a todos, es gente con la que pasé cosas imborrables y a la que espero volver a ver pronto. Realmente los extraño a todos, y también esto de no vernos en algún pub, juntarnos a comer o salir por ahí. Tampoco ya los paso a buscar por el Spire.
Cada uno tiene que seguir su camino, y como puse antes, espero que nos encontremos pronto. Es lo malo de no estar mucho tiempo en un lugar.




