lunes, 10 de septiembre de 2007

Las fuentes y el medidor de cocina



En Burgos, y en toda España, hay muchas fuentes de agua por las calles y parques. En este caso no me refiero a las ornamentales, sino a las que están para que cualquier transeúnte con sed se mande un trago. En Burgos hay más de 200, algunas son del año del pepino y fueron declaradas patrimonio histórico. Salvo unas pocas de manantial, afuera de la ciudad, todas están conectadas a la red de agua potable. Ahora bien, resulta que a mí me llamaba la atención encontrarme con algunas que no tienen ningún sistema de canilla (botón, pedal, etc.), o sea que tienen un chorro de agua que no para en ningún momento. Es un derroche. A lo mejor antes no se le daba pelota, pero ahora que se toma conciencia de que hay que cuidar el agua, y estos europeos que son tan organizados para todo, no entendía cómo seguían abiertas. Luego de unos días de gestiones, los del Servicio de Aguas del Ayuntamiento me habían dado un plano de las fuentes, de mala gana, y cuando empecé con las preguntas me decían cualquier verdura hasta que la cosa se puso brava: me invitaron a retirarme y hacer lo que me viniera en gana. Así que bueno, me fui con un medidor de esos que se usan para las tortas (sí, esos que tienen cantidad de azúcar, harina y líquido) y estuve toda la tarde pateando el centro y midiendo en seis fuentes sin canilla cuánto era el derroche, con la ayuda del cronómetro del teléfono. Uno de mis compañeros de piso se me cagaba de risa por la precariedad de los instrumentos de medición, como si fueran a salir mal por no ser instrumentos ultra sofisticados. Aprendí momentáneamente, porque ya me olvidé, a hacer una regla de tres simple y me mandé todos los cálculos de derroche por minuto, hora y día en cada fuente. Y lo saqué en el diario: 24 millones de litros por año. Acá está el archivo, si lo bajan se enteran de todo.
Bueno, la noticia tuvo muchísimo impacto, tuve llamados de autoridades y esas cosas que pasan cuando las noticias no agradan. La concejala de Aguas llamó al diario insistentemente para hablar conmigo. Extrañamente, ella no para putearme, sino para darme las gracias porque dijo que ni se le hubiera ocurrido. Cuando me reuní con ella me tiró algunos palos, pero entre sonrisitas, a lo que respondí con otros de igual modo.

A los tres días de publicarse ya habían puesto canillas en tres de las fuentes, y en las otras están viendo qué hacer.



Bueno, la verdad es que hay que reconocer que en esta fuente el arreglo no quedó muy bonito que digamos, pero peor es que se siga despilfarrando el agua, che. Ahora mis compañeros en el diario me acusan en broma de atentar contra la belleza del patrimonio.

No sé, muchos compañeros se sorprendían de que me hubiera fijado en eso. Será que en esto de quejarnos por todo, a los argentinos no nos gana nadie.

viernes, 31 de agosto de 2007

Grandes temas de España: el himno

Tienen un problema con el himno en este país: casi nadie lo quiere. Y no tiene letra. El tema es así: durante los años de la dictadura de Franco, había que imponer la bandera, el himno y el castellano en todo el país. A capa y espada. Entonces, el himno de España se asocia con la dictadura y, en menor medida, también la bandera. Cantar alegremente el himno por la calle es cosa de fascistas o de la derecha. Salvo en los eventos deportivos, el himno casi no se escucha. Hace unos meses se armó lindo revuelo porque el Partido Popular (la derecha) lo puso como telón en uno de sus actos en Madrid, lo cual fue toda una sorpresa y que levantó críticas de todo tipo, ya sea por lo que acabo de explicar o bien porque los acusaban de querer apropiarse del himno de todos los españoles. Pero es así: el himno es de derecha y ni siquiera el Partido Popular, que ya no tiene vergüenza de nada, se animaría a ponerlo en Cataluña o País Vasco, porque saben bien que le apagarían el disco a palos.
También los impresentables del PP salieron hace poco con que había que ponerle letra al himno de la unión, la hermandad y el futuro de todos los españoles, y todas palabras hermosísimas mientras sean ellos los que lo hicieran. Y ya salieron unos que sí, que no, que los republicanos ya le habían puesto y que la mar en coche. A la gente más joven, a los de veintipico y treintañeros, no les importó demasiado porque para ellos el himno ya tiene letra. La que se saben todos desde chicos. La siguiente:

(cantar con la música del himno español, que lo escuchan acá)

Franco, Franco
que tiene el culo blanco
porque su mujer
lo lava con Ariel
Burro, zopenco
cabestro, animal
sólo te falta el rabo
para rebuznaaaaaarr

Hay variantes por todo el país:

Franco, Franco
que tiene el culo blanco
porque su mujer
lo lava con Ariel
La reina Sofía
lo lava con lejía (así le dicen a la lavandina)
y por eso el rey
se siente así de bien.


Pero el que se canta en los partidos de fútbol de España es mucho más simple:

Lolololo
lolololololololo
lololooo
lololo
Lololo
lololololo
lololololololooooo

miércoles, 29 de agosto de 2007

El agosto

Bueno, ya sé que llevo bastante sin actualizar. Antes los que se quejaban eran mis amigos de Dublín, que pedían actualizaciones a diario, los muy cretinos. Ahora ya se le quejan a mi vieja en Villa María y ella me pasa los reclamos. En fin, esto del mundo moderno exige estar en todos lados y hacer de todo, yo no sé dónde vamos a parar. Estoy en agosto, el mes de vacaciones, el enero argentino. Y no tengo nada que contar. O sí, pero no viene al caso. Agosto se usa mucho en España para decir que alguien se hizo una guita o luquea. Por ejemplo: “Éste pegó un negocio y se hizo el agosto”. También a los chantas de cualquier rubro les viene bien: “Se hicieron el agosto estafando a la gente”.


I. En Burgos está haciendo un verano de mierda, es decir, nadie se está haciendo el agosto con este agosto. No hace frío frío, que ya sería el colmo, pero tampoco calor de verano. La verdad que el solcito empezó en abril, por ahí, pero no ha sido gran cosa. Hubo varios días fuertes, pero después otra vez nubes y vientorro. A la noche, campera siempre. Como yo voy a la pileta, compré un bono de 10 días y no llegué a usar ni 7. “Hombre, ¿cómo no vamos a tener 10 días de sol?”, me dijo uno de mis compañeros de piso, alentando la compra. Él fue una sola vez. Hubo un día con casi 40 grados y yo tenía que escribir sobre eso en el diario. Quise hacer la prueba del huevo frito en el pavimento pero no me dieron mucha bola. Terminé escribiendo que fue un mal día para los piropeadores, porque ninguna dama caminaba por el sol para que pudieran echar el famoso verso de que los bombones se derriten. Si hay más piropos con la sombra, no sé ni me interesa, yo algo tenía que poner.


II. Hace unos días fui a lo de mi amiga Salka, de Mauritania (África, al lado de Marruecos y Argelia). Me quedé a cenar en su casa con su esposo y dos más que viven ahí. Tienen un crío de cuatro años, El Farouk. Es un personaje, está a mil todo el día y no se cansa nunca. Habla más en árabe que en español, pero de a poco va aprendiendo. Los otros dos que viven ahí son mauritanos también. Llegaron a Burgos y entre los de su país no se pueden negar el alojamiento, así que están viviendo ahí desde hace meses. Trabajan, pero no pagan alquiler. Así son las reglas, no me pregunten a mí. Cenamos unos spaghettis en un plato enorme, en el piso. Salka y su esposo comían con tenedor. Los otros, con la mano nomás. Agarrar los fideos con la mano no es ninguna gilada. Tampoco es que manosean todo el plato, cada uno iba tirando como de su rinconcito. A mí, en verdad, me pusieron un plato normal y listo. De afuera, a los musulmanes los vemos como a todos árabes. Pero son diferentes según cada país, como los sudamericanos o los europeos. Estuvimos viendo todos los canales de la TV satelital en árabe y ellos me iban explicando qué decían. Estaba ¿Quién quiere ser millonario?, pero en árabe, y justo preguntaban de qué país era el Che Guevara. En la casa decían que cubano y medio que no me creían hasta que la que jugaba perdió, dijo que era de Bolivia. Cuando me fui pasé un poco de vergüenza porque me olvidé de que no podía saludar a Salka, porque en su casa no la puede tocar nadie más que su esposo, quien, quizás previniendo la escena, el avispado, desapareció antes para llamar al ascensor. El Farouk insistía en jugar al tenis en mi celular, así que le dejé el teléfono bloqueado para que se entretenga y deje de romper las bolas. Me lo devuelve al rato conectado a internet.

domingo, 29 de julio de 2007

Fama


No me acuerdo ya qué estábamos tramando con mi amigo Luciano hace muchos años, pero la cosa es que íbamos en su histórica Zanella gris cruzando el puente de las compuertas en Villa María y él hablaba de "esa gente que nunca vio su nombre impreso más que en el DNI". En realidad, nos veníamos mofando de alguien por algo que no recuerdo, pero su frase me sirve para introducir a la gente sin trascendencia pública, de las cuales, que no se entienda mal, sólo digo que no son conocidos públicamente y nada más que eso. Como periodista, siempre me intereso por conocer las historias de la gente. Sobre todo porque mi trabajo es contar historias, pero además es como si cada uno me abriera la puerta de su interior sólo porque unos minutos antes les digo que trabajo en un diario. Soy un desconocido para ellos, pero es como si me dieran permiso para preguntar y conocer sus vidas, sus cosas más personales. Es una suerte. Claro que uno con los años se las rebusca mejor para esto. A mí cada vez me gusta más y siempre estoy aprendiendo algo.
Todo esto para contarles que ayer estuvimos de recorrida por unos pueblos de la provincia de Burgos, una zona de paisajes muy lindos que se llama Las Merindades. Con dos compañeras del diario, arrancamos temprano a la mañana y salimos para hacer varias notas y fotos hasta la tarde. Al mediodía llegamos a un pueblín que se llama Nofuentes para hacerles una foto a la gente del pueblo. Todos los días de verano sale un pueblo distinto en el diario. No es gente famosa, sólo gente. Vecinos de a pie, como se dice acá. Cuando entramos al pueblo en el auto del diario ya nos seguían como al flautista de Hamelin. Mi compañera de foto les pidió ir a un campo de girasoles. A pata, claro. Y hacia allá salimos todos, unos 20. En el camino tuvimos que esquivar la cosecha de cebada, un bache de agua infranqueable, y más de uno terminó con cortes en las patas. Un par de viejas estaban chochas y se cagaban de risa con todo el asunto, reclamando a cada rato salir en primer plano. Mi compañera los hacía poner así y asá entre las hileras de girasoles, una producción de unos 20 minutos a pleno rayo de sol.
A mí no me deja de sorprender que gente que podría estar haciendo cualquier otra cosa, se aguante un sol del carajo al mediodía para ir a sacarse una foto por el campo sólo para dejar bien parado el nombre de su pueblo. Gente de todas las edades. Todos con muchas ganas de salir en la foto, de participar en algo. Cuando terminamos, fuimos a un bar a tomar algo y no nos quisieron cobrar...
La gente de a pie. Gente muy macanuda, como diría mi amigo Bati. Y no lo hacen para figurar, simplemente les entusiasma estar ahí y en eso. A mí me produce mucha sorpresa y admiración, como si no todo se hubiera ido a la mierda.










viernes, 27 de julio de 2007

Ni hablar de besos

Bueno, que ando mucho de pileta estos días, y en Burgos cada día de sol hay que aprovecharlo como si fuera el último, porque nadie asegura que vayas a tener muchos más. También, que se me rompió el teclado de la compu, precisamente la barra espaciadora, o sea que tengo que estar escribiendo con una combinación de teclas para quelascosasnoquedentodasjuntasperoqueescomoescribelacompuahora.
En Argentina no hubiera pensado que me tocaría ir a la Fiesta del Maní o a la del Salame, pero bue. Acá me están tocando las fiestas de ese tipo. La semana pasada estuve en la Fiesta del Ajo en un pueblo a unos 40 minutos de Burgos. Les dejo abajo la crónica, que escribí a los pedos sobre el cierre de edición, porque resulta que la fiesta no arrancaba y a nosotros se nos hizo tarde al volver. Era ver ajo por todas partes. Ajo esto, ajo lo otro. Uno me contaba que desayunaba con sopa de ajo. Y lo mejor: el concurso de tejer ajos, sin desperdicio...
Este fin de semana, para seguir con las verduras y hortalizas, voy a estar en una fiesta de la lechuga en otro poblado que parece es muy lindo. Ya les contaré sobre el premio: la lechuga de oro.






Ni hablar de besos
Más de 400 personas llegaron desde toda la región para la tradicional Feria del Ajo en Castrojeriz Un singular concurso premió la habilidad de tejer trenzas con esta hortaliza

Es guapa la Reina de la Feria del Ajo, que si no difícil la iba a tener para conseguir novio con este antecedente. A ella, como a todo el pueblo, se la nota orgullosa de estar en las fiestas. Ajo y ajo. No se ve otra cosa en la tarde de Castrojeriz. Unas 400 personas pasean entre los puestos y husmean un poco para llevarse una de esas ristras que duran quién sabe cuánto.

Saturnino está de pie junto a su cosecha. Tiene 75 años y hace apenas tres empezó con esto de los ajos. «Para hacer algo, me sobraba tiempo», dice. Con un pequeño terreno, en lo suyo no hay nada de máquinas, todo es a mano. Humilde, reconoce que no sabe hacer las ristras que se ven en la mayoría de los puestos, y tiene todos sus ajos atados tal como salen de la tierra, aunque una vez cosechados se los lleva a su casa para limpiarlos un poco. Después de la feria, se vendrá a Burgos para vender el sobrante. Si saca unos 800 euros, ya es suficiente para él. Mucho más ducho en el tema está Pablo, veterano cultivador de esta hortaliza. Sus ristras lucen impecables. Enormes e imponentes, las cabezas de ajo se apilan delante de su maestro. Si hasta brillan. Pablo es un enamorado de su cosecha, y confiesa sin problemas que no son pocos los días en que desayuna con sopa de ajo.

«En este pueblo se regatea», le dice una clienta a un vendedor, mientras el hombre piensa su jugada para salir del compromiso en que lo metieron. Le compran varias bolsas y cualquiera podría pensar que con eso ya tienen para hacer salmorejo durante años, pero esta gente lo tiene muy claro: «Esto nos dura 11 meses», dicen. Ni uno más, ni uno menos. Finalmente, no le quedó otra al vendedor que anunciar un generoso descuento.

Mientras la gente anda eligiendo por aquí y allá, cerquita de la feria hay un grupo de peñistas que llevan ya unas cuantas horas cocinando esa sopa que ya se empieza a sentir entre el público. Pollo, pan, huevos batidos y pimienta. Nadie sabe ya cuántos kilos de ajo, pero qué más da. Laura, una de las cocineras, ya se prepara para recibir a la marea de gente que, anticipa, buscará repetir hasta cansarse.

TEJER CON AJO. Llega la hora del gran concurso de tejer ajos. No se trata de ninguna tela a base de la hortaliza estrella del pueblo, sino de las trenzas o ristras de ajo que se ven colgadas en las verdulerías. Antes de eso, un podio de ciclistas de la Vuelta de Castrojeriz recibió sus premios. Y si alguno esperaba una copa o trofeo, pues vaya sorpresa cuando tuvo que levantar una gran trenza de ajos para las fotos.

Hombres y mujeres de todas las edades van a participar del concurso.Tienen que tejer una trenza de 30 cabezas de ajo en menos de 12 minutos. Por lejos, la concursante más popular de Castrojeriz es Esther, que tiene a todos sus nietos alentando. Lleva con el ajo desde que era una moza y se tiene mucha fe para ganar. Antes de subir al escenario con su banquito y su bolsa, se gana también el apoyo de un grupo de navarros que llegaron para la feria.

Dan la orden de largada y había que ver la destreza de los tejedores para ir armando de la nada esas trenzas. La experiencia sacaba ventaja a la juventud, y cuando los más jóvenes andaban colocando sus primeras cabezas, los más veteranos ya tenían la cuestión bastante resuelta.Los nietos de Esther no paraban. «La Yaya, la yaya es cojonuda», gritaban, y los navarros se sumaban con el Antón Pirulero. Su abuela iba a quedar tercera en la prueba, y ellos no dejarían de reclamar el tongo de siempre.